jueves, 13 de agosto de 2015

Llanto de colibrí



El tlatoani
ha sido poseído;
lo han neuroprogramado
las confusiones a la moda
de la alquimia inversa,
que son fetiches,
abarrotadas coartadas
evitando el asombro crudo -porque
nos enseñan a sumar y restar, pero
no a paladear lo insoportable,
ni a que el terror de lo bello
haga del pecho flor, resignándose
a la más grande fortuna-.

Y
el mariachi loco quiere bailar -que no
le queda de otra-
sobre la ráfaga dilatada,
patrocinada, 
por tres tristes Tony Montanas
de fayuca express -porque nos adiestramos
a deletrear frenología y
a subastar la calma de las brujas enredadas en sí, pero no
a disolvernos en el alcance del oído,
ni a que tanta fragilidad es solo,
solo indicio de tan tersa inmensidad.


miércoles, 6 de mayo de 2015

Mi cena con buda

Me mira
con un par de galaxias 
crispas. 
Casi me avergüenza
no estar más despierto.
Azota la mesa,
con sus manitas
embarradas de mango,
y ya estoy
aquí.



sábado, 25 de abril de 2015

Viaducto



No ha sido relevante
discernir o debatir
si esto es una pecera
o el espacio,
desdoblando hologramas
a la velocidad del neón.

Ya intentarán
convencerme,
de que esto
es un cuarto de hotel.
Cualquier cuarto de hotel,
y que las olas
que ahora nos envuelven
en sus alas de loto,
son los autos
apurados,
transitando el Viaducto, pasada la medianoche.

Que lo intenten, pues,
con ahínco, incluso,
y argumentos sólidos. Acabaremos
por pactar,
más bien,
que de noche
somos polvo, por no decir cenizas
y ya. Y nada más.

No es que te coma chocho,
como tus muslos imperiales proclaman. Pasa
que beso una flor marina, al fondo de la mar,
marina. No es que las medusas me canten,
contando tu historia,
ida y vuelta,
desde el idioma de tus ancestros,
hasta la sal que pediste
en el desayuno.

Y no, la lengua no es metáfora.
De otro modo
no hubiese sido ballena
y toro
a la vez. Piedra, faro y naufragio.
De otro modo
no hubiese sido
serpiente asesina
acariciando tu asfixia. O el torso de un árbol de raíz enredada.
De otro modo
eso no sería
un vestido negro,
levantado
hasta tu cintura. O las sábanas, partituras
anotando tu llanto, sin los bemoles de la cordura.
Ni me habría disuelto
en una parvada de cuervos blancos,
revoloteando,
ahí
donde tu nombre se consume como el humo;
ahí,
donde los tambores mastican al reloj. Ese
que mañana dictará la luz,
el agua, el gas y los tropiezos agotadores del porvenir. Ese
que mañana habrá de omitir la inmensidad de la mar y nos tendrá
discutiendo, irreconocibles, por cualquier angustia. Por eso
ahora no hay piedad
y el coro de trompetas no entiende la guerra, pero sí
la batalla. Como las hienas hijas de puta que nos obligan
a vivir
de su insospechada limosna.

Y no, la lengua no es metáfora. Y las olas
que nos envuelven
en sus alas de loto, también
son autos apurados,
transitando el Viaducto,
pasada la medianoche.


lunes, 20 de abril de 2015

El Mandado






¿Cuándo fue
la última vez
que notaste,
por primera vez,
otra vez,
lo tanto
que se parece
un betabel
a un corazón?







miércoles, 19 de noviembre de 2014

los magos también desaparecen



A veces,
llueve así, como ahora. En silencio--
ruidoso como es--cerrar los ojos
y solo,
solo,
solo
(todo pinche solo),
tan solo
ver estática. Las ganas
de desaparecer (sin morir, claro), 
se amontonan (como quien tropieza en un slam, en noviembre, con una mona en la mano. Y hay quienes sugieren que el ego es un puño apretado). Las ganas
de rendirse ante las olas
de la pulsión. Correr sin reserva o cuidado alguno, sin fingir consideración latente, correr de aquí al nitrógeno espacial. Pasando por el extasis, el horror, el absurdo y la disolución. 

Desaparecer
como el alarido de un chango en metanfetaminas, en la humedad indiferente de la jungla; como los caracoles de humo, de las chicas tristes fumando afuera del metro; como la sal,
en la lengua; como los pliegues
de la lengua, entre
los pliegues de la lengua. Desaparecer,
carajo,
como un cerdo con una granada en la panza, bailando sobre la cuerda floja, de un circo en CNN. Pero se me afloja la boca y con ello la capacidad para contradecirme, o para sopesar las dudas, como margaritas que acarician el pezón, hasta dormir.

En mis pupilas
marchan incendios y convicciones,
el peso bruto del peso bruto, un desplante de noticias y doctrinas
que se hacen
pasar por almohadas (ortopédicas). La melancolía se presenta, a la puerta, como hipoteca y un símbolo tras otro juegan a los encantados, a los crucificado y a los dados.

Quizás sean solo las ansias
por decapitar o ser, al fin, decapitado, pero aun no fumo piedra sobre las cenizas de la carne de cañón. (Esa que los buitres, de toda inclinación, se saborean sin presión). Pero la virgen
nos habla
mamando el lóbulo del oído,
ya tan acostumbrado a ser oído. En silencio--latoso como es--cerrar
los ojos
y solo,
solo
(todo pinche solo),
solo
preguntar
si en esa vasta oscuridad
llamada nosotros, 
aquel municipio que nombramos pecho
está o no habitado por algún diamante.


viernes, 26 de septiembre de 2014

Cementerio


En este cementerio
-porque eso es lo que es-,
hay flores diminutas
que bailan chachacha,
flores que deambulan,
buscando con quién platicar.

En este cementerio
-porque así se le dice-,
jadean animales heridos,
con la lengua de fuera.
Tristes sus oídos
recuerdan lo que fue rugir,
así, ante la infinitud
de la chingada,
a sabiendas
de que por casi un segundo
han sido el sol.

En este cementerio
-no hay tiempo para negarlo-,
las ansias son dictadura y
las apuestas
se dejan en un sobre sellado. Y
no por haber olvidado
la dirección,
se deja de enviar.